cartasenario

Sublime simpleza.

Mejor que ojo es nieve, es 눈물 ojo y agua es lágrima. Sublime simpleza. Dejen de ponerse agua en los ojos haciendo que lloran.

Volviendo en una guagua en la que yo fingía o exageraba que lloraba, había muchos adolescentes que parecían que se les había perdido el norte, se les había partido el corazón, habían perdido al amor de su vida, al mejor amigo que habían conocido una semana atrás y que nunca jamás se iban a volver a ver.

Nos escribíamos cartas, nos llamábamos por teléfono. Yo tuve una amiga con la que viví el primer año de facultad, y surgió de ahí. Vivir en otra isla parecía el fin del mundo. Una guagua, un barco, un coche hasta casa de distancia. Un teléfono que no era inalámbrico, no teníamos internet, solo cartas, postales, ir a la cabina con las amigas y meter de a poco monedas doradas con un agujero en el medio. Llamar al amor platónico que estaba al otro lado haciendo tiempo para ir a jugar al fútbol. Esperar a una hora fija, junto al teléfono, preguntar con vergüenza si estaba no sé quién, si se puede poner, soy no sé quién más, le llamo desde Las Palmas, espera, se pone. Hola, hola, ¿qué haces?

Las distancias no han cambiado, sigue habiendo un coche hasta el barco, una guagua de distancia, pero las cosas sí han cambiado y ya no se llaman los chiquillos por teléfono, no se escriben cartas, no juntan monedas para ir a la cabina, no esperan a la hora que quedaron junto al teléfono.

Las cosas ahora se hacen distinto. Saben distinto. Ya no hay que esperar por casi nada.

Pero ojo sigue siendo nieve y 눈물 sigue siendo lágrima.