Quizá ya no haya más en el camino.
En la cadencia y la prosodia va el ritmo de la vida.
No en el tiempo reglado, total, el tiempo sabes que lo inventamos los humanos, el tiempo no existe, simplemente creamos reglas de medida que pusiesen orden a lo que nos rodea. El día, la noche, cómo se mueve el sol, cuánto tarda en moverse de x a y. O sea, nada existe.
Es un constructo humano.
Y si no existe, es como el principio de incertidumbre: si no existiésemos, no alteraríamos el tiempo ni a lo que le hemos impuesto ese orden. No existe el orden, pues caos.
No existe el tiempo, pues caos.
No existe el ritmo, pues abismo.
No existe la cadencia, miento, la cadencia existe, pero en este punto exacto del tiempo, no sabemos cual es, no es medible aún, nos falta data y por eso, no existe, ergo, caos.
La prosodia va con el ritmo del discurso, si largo, corto, intenso, rápido, tampoco sabemos, escrito aún no sé yo ponerle velocidad.
Si ves que hay una frase larga con pocas comas y pocas pausas, leela muy rápido porque así la pensé yo. Así probablemente la hubiese dicho si la leyera en alto, así probablemente la hubieses oído si la hubiera dicho.
Yo hablo rápido. ¿Hablo rápido? Ah, según quien lo mida.
Para mi es la cadencia normal. La mía sí la tengo medida, luego yo soy bastante previsible, luego no soy así tan caótica. ¿No?
Las migajas de Hansel cada vez están más separadas, pero allá que ya no lo espero, me encuentro una.
Antes, me quedaba mirándola, le daba la vuelta alrededor para ver todos los ángulos, cómo iba a recogerla, con qué mano, con qué intensidad, ¿rápido? Despacito, evaluando su peso, sin prisa, o con mucha prisa, pero no queriendo mostrar que la había cogido con prisa.
A veces hablaba mucho cuando la veía, ahora la veo un poco de lejos y ralentizo mi paso para no llegar tan rápido. Igual la recojo con lentitud y evalúo su peso despacio. Ya no me da tanta prisa.
Quizá ya no haya más en el camino.
Las migajas de Hansel cada vez están más separadas, también en el tiempo.