¿O no existen?
말뿌리
En La vegetariana, de Han Kang, la protagonista se cuelga de un árbol cabeza abajo tocando las puntas de su pelo con el suelo, con la tierra, buscando enraizarse como un árbol más.
Qué raro esto de las raíces, cómo tenemos ese afán de enraizarnos si nunca fuimos planta. Si nunca en nuestra evolución fuimos árbol, ni organismo que enraizase.
Fuimos célula, microorganismo en agua, fuimos anfibio, pero nunca ni medio planta. Es lo único que no fuimos. Bueno, eso y ave. Ave tampoco.
Pero la raíz sigue ahí en nosotros, queriendo ser planta. Conectados con nuestro entorno, nuestra casa, nuestras costumbres, nuestra gente, sea lo que sea todo eso.
Anoche vi un vídeo de una recomendación de un libro para los que emigramos, que siempre estamos entre dos mundos, entre dos realidades, sin pertenecer a ninguna, nos fuimos buscando algo que no teníamos y perdimos otra que sí pero que no era suficiente, no lo era hasta que la perdimos. Ahora nada llena ese vacío, ni siquiera volver.
Qué vida esta, una vez migrante, siempre migrante.
Llevo mucho en esta. Mucho tiempo en este marinar. Hasta un tatuaje me hice, buscando raíces. Tratando de enraizar. ¿Y lo difícil que es explicarlo? Porque va por partes, porque dice mucho y es poco evidente. Porque no quiero hacerlo trascendental aunque lo parezca con la explicación. Tiene que ver con mis raíces, y con ser yo raíz de alguien más.
¿Nuestra única raíz es el cordón umbilical?
¿Son nuestros pies?
¿Son las puntas de los dedos con los que nos conectamos al mundo?
¿Es la cabeza?
¿O no existen?
De dónde eres, de dónde vienes, por qué estás aquí, por qué te quedaste.
Ni yo misma sé.
¿No te pasa lo mismo?