Nunca puedo evitar que vuelva.
Una cosa estranha la tristeza.
Uno la acepta encogiéndose de hombros, asumiendo que poco o nada se puede hacer para remediarla.
Es parte de la vida, la podemos evitar pero poco, poco se puede evitar en cualquier ámbito.
No podemos evitar la tristeza, la muerte de los otros, casi que la propia, esa podemos rehuirla, aplazarla, al fin evitarla pero de a poco.
No podemos evitar la tristeza, la rabia de perder algo, a alguien.
No podemos evitar la tristeza que nos produce la alegría de los otros, sin envidia si quiera, pero con nostalgia a lo mejor.
No podemos evitar estar tristes para siempre.
Al fin y al cabo llega.
Podemos controlar cuánto se queda y casi, casi que diría que podemos evitar que vuelva rápido, pero no evitar que vuelva del todo.
Hoy estoy triste, me desperté diciéndome a mí misma más allá.
Se más o menos si algo lo causó, más o menos hice por alimentarla, más o menos no quise echarla, pero al tiempo ya vale y me la sacudí.
Me dura poco si quiero, pero nunca puedo evitar que vuelva.