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No descansé hasta que las vi entrar en el avión

Hubo una vez que yo viajaba a Madrid desde Lisboa en la que dos señoras más mayores, tendrían más de 60+ años, en la puerta de embarque, tuvieron un problema con el billete, impreso, claro, no se conseguía leer el código. Pero habían llegado hasta allí cuando tienes que mostrar por lo menos una vez el código de barras. Llevaban los billetes impresos, cuando ya nadie hace eso. Los llevaban impresos y doblados en el bolso. El operador de la puerta no quería perder tiempo de embarque y no las quiso ayudar. Yo vi de reojo la desesperación de sus ojos cuando no las dejaban embarcar. Mis alertas se activaron pero seguí mi camino. Alguien se paró a ayudarlas, pero yo no descansé hasta que las vi entrar en el avión. ¿Por qué? ¿Por empatía? ¿Por descrédito? ¿Por autoflagelación por no haberlas ayudado? No sé qué me pasó que pasé ante ellas sin entender muy bien qué pasaba, solo lo entendí cuando ya había pasado y esperaba en la fila a que nos llevaran hasta la guagua. Pero mi mente, ocupada en ese momento en un capítulo de Seinfeld que había descargado y que me mantenía abstraída, disimuló no darse cuenta una vez ya había entendido qué estaba pasando.

La culpa, la empatía por su ansiedad, la sensación de que me podría pasar a mi, o a mi madre, o a alguien conocido me apretó la boca del estómago, porque yo podría haber ayudado. Al mismo tiempo me debatía con el pensamiento de que era imposible que eso estuviera pasando, cómo habían pasado el control de seguridad sin un código válido. Se habían equivocado de avión, de puerta de embarque, o simplemente estaba ilegible y el lector tenía dificultades. A lo mejor ese chico joven, idiota, sin empatía, no había tenido paciencia y las descartaba como no siendo su problema que entrasen o no en el avión. Esa es otra historia, la desidia de las compañias aéreas. La cuestión es que no tuvieron paciencia para ellas y eso también me reconcomía por dentro. ¿Cómo era posible? ¿Cómo habían llegado hasta allí sin un código válido? No era posible. Se solucionaría por sí solo. Pero su angustia me angustió, su desespero y ansiedad, la misma que bloquea a cualquiera, la misma que me bloquea a mí, me conmovió, me restrujó las entrañas y me hizo sentir culpable por no ayudar. No descansé y fingí poner atención a lo que estaba viendo sin verlo hasta que las vi entrar en el avión, casi como si nada hubiese pasado. Estaban tan normal, su nerviosismo se había esfumado aparentemente, mientras yo me había enganchado a esa ola y no me bajó la presión hasta que las vi. Sobre-reaccioné claramente. ¿Por qué me pasa eso? ¿Por qué me pasó en ese instante? ¿Por empatía, o por idiota? ¿Por ansiedad proyectada o por culpa? Por qué no las ayudé o por qué fingí demencia cuando pasé a su lado sin intentar entender qué les pasaba? ¿Sabiendo qué pasaba a lo mejor? ¿Asumiendo que no era mi problema? ¿Cómo es posible que hasta hoy venga este pensamiento a mi cabeza y me haga reflexionar? ¿Cómo es posible que yo siga rumiando esa ansiedad?