No debí decirte nada.
No debiste decirme hola.
No debí decirte nada.
Me estaba aguantando muy fuerte las ganas, lo estaba consiguiendo. Y dije, no va a pasar nada, no va pasar nada.
Y un hola me mató.
Thor mío que migajera. Un hola me mató. Un hola. Nada más.
Qué hijoputa ganas solo con un hola. Increíble. Ni me lo creo como me dio la vuelta y tengo la cabeza como si me hubieran colgado de los pies por horas.
Es autotortura.
Y ahora claro, quiero más.
Cuándo fue que dije este adiós… este nada, absurda, mira lo que hiciste.
4 días.
Más menos constante que yo que sé. Inestable en superlativo.
Un hola.
Hola que significa de repente sabes como me llamo? ¿Esto qué fue, cómo, cuándo y por qué?
Yo sé, yo sé cómo, yo sé cuándo, yo entendí cómo lo supiste, pero de ahí a que lo uses.
Podrías haber puesto solo hola y vacío, o un hey, y yo, y tranqui, nada del otro mundo. Lo normal, igual me hubiese provocado alguito, tú sabes, pero no tanto, tan, tan, tan, tan nudo en el estómago, tan tan tan apretado el pecho, la respiración y todo lo que es de fuera pa’dentro.
Y sieeeeempre me pasa lo mismo, me provoca tanto este anhelo que no me sé estar quieta y luego me arrepiento. Y me flagelo. Ya ni es lo que me produce que me responda, es que me engancha tanto y tanto más que el arrepentimiento es instantáneo después.
Es más, pero más hondo y más difícil es salir.
Igual me hizo un milisegundito más feliz.
Qué lástima de mí, te juro.