Esas son las dimensiones del universo.
Las dimensiones del universo son como el meme de Cristian Bale (tuve que buscar el nombre porque solo me acordaba de Bateman) haciendo de Patrick Bateman en el que camina serio por un sitio público mientras escucha música y la música que escucha no se asemeja nada a la idea que proyecta, vestido de traje, con expresión dura, seria, y la gente le pone música romántica, pop, Cristian Castro, Britney Spears, todo lo que nunca dirías que esa persona estaría escuchando.
Esas son las dimensiones del universo. Lo que se ve y lo que va por dentro.
No son las dimensiones de alto, bajo, largo y ancho. No es medible con una regla, ni con un metro. A lo mejor con un metro de láser, pero orientado hacia un espejo y reflectando en mil direcciones.
Las dimensiones son mi realidad y lo que hay en mi cabeza.
Nada parece casar con nada.
Mi realidad es lo que escucho y no el traje que llevo puesto.
La dimensión de arriba, está en un plano abstracto que no toca el suelo y la dimensión de abajo soy yo sin zapatos buscando dónde dejé las cholas para que no me echen la bronca porque dejo el suelo sucio si siempre voy descalza.
La dimensión que escucho está colgando de un hilo invisible de Bluetooth entre mis oídos y el móvil. Al ordenador, al móvil otra vez. Sin desconectar.
Por eso es tan adictivo, siempre quiero conectarme a la realidad de mi cabeza y no a la material, a la de abajo, a la de la caverna.
Siempre huyendo o mejor, siempre saltando de una a otra.
Siempre con la cara seria, la atención en el paso siguiente y en recoger el desorden de mi alrededor, pero siempre conectada al otro nivel a través de mis oídos.
Se siente una desconexión si escucho algo de una dimensión mientras estoy en la otra.
Por eso ni desconecto, ni conecto.