En órbita.
¿Quién te cuidará las plantas? Si te vas, ¿quién las regará? Quien va a darles de comer, quien las virará hacia la ventana a ver si les da un poco de sol, un poquito de luz entre las nubes, quién les va a poner música, quien les va a decir cosas para que no se pongan tristes. ¿Quién va a regarlas si no estás?
Casi un día te fuiste porque llegó alguien, pero fue solo un arrebato, porque fue solo una pequeña corrección, una pequeña distracción y también porque no pude halar más de ese hilo. Porque las ganas de dejar de pensar en quién te regará las plantas no me faltaban. Siempre huyendo hacia delante, solo me queda esperar a que otra liana pase por mi lado y me enganche a ella y te suelte, y te miré alejarte y balancearte hacia mí pero ya no llegues a tocarme y mientras yo me agarro con más fuerza cada vez a la nueva liana te observaré orbitar cada vez más lejos hasta que no te muevas más y yo me aleje en un balanceo distinto, orbitando alrededor de otro árbol. Miraré mis manos aun con rastros y heridas y huellas marcadas de esa liana quieta lejana que dejé atrás. Y pasará el tiempo y los años me harán olvidar que esa marca fue hecha con esa liana que un día agarré con tanta fuerza que me marcó para siempre. Pero no sabré qué fue, como comenzó, porqué terminó, qué me agarró tanto tiempo, qué me hizo acercarme, qué me hizo alejarme, qué me hizo dejarla atrás y dejar de orbitar.
Nada de eso pasó en realidad, aún no, solo fue un arrebato, un día pasó alguien que parecía una nueva, la dejé pasar. Y aquí seguimos. En órbita.