cartasenario

El contraste era lo bonito.

Tuve una idea: contarte una foto.
Pensé en esa foto, porque un pedazo de un libro me hizo acordarme de ella.
Es una foto sencilla, no tiene nada de especial. No tiene un gran encuadre y lo que se ve es poco, porque es una foto de la niebla.
Un día frío, temprano, de camino al trabajo, yo vivía cerca de un parque que tenía que atravesar para llegar a la parada del metro que estaba al otro lado. Bajaba por una calle adoquinada, si es que le podemos llamar así a la calçada portuguesa, resbaladiza, escorregadio. Entraba en un extremo del parque y por un camino de baldosas de cemento que cruzaba de ese extremo al centro, llegaba hasta una pasarela de madera que conectaba las dos mitades del parque. Un trecho más alante, volvía a las baldosas de cemento que cruzaban otro extremo de césped. Esta segunda parte a veces tenía los aspersores encendidos a esa hora y había que desviarse un poco y pisar la hierba mojada. Los días de nevoeiro, de niebla, se veía a la gente hacer el mismo camino que yo, a la misma hora, todos yendo al mismo sitio, todos cruzando a través de la niebla el parque, por las baldosas, por la pasarela de madera, por las baldosas otra vez, hasta salir al otro lado. La niebla seguía, porque lo abrazaba todo a esa hora, y no había luz y todo era casi blanco. No era tan temprano como para que no hubiese amanecido, el sol estaba, solo que detrás de muchas nubes compactas y apretadas por encima de la niebla. Esa foto podría ser cualquier día, no era algo especial, era bastante usual atravesar la niebla a través del parque, o atravesar el parque a través de la niebla. Habrá a quien le cause algo de temor pero yo lo veía precioso. Tan tranquilo, en silencio, mal se oían los pasos, los míos y los de las otras personas. Solo se veían figuras difuminadas entre la niebla, todos yendo en la misma dirección.
Al otro lado seguía la niebla, pero no era lo mismo ver coches difuminados, casas, edificios, carreteras, señales de tráfico, coches subidos en la acera porque no hay donde aparcar en la niebla. No es lo mismo ver el césped, los árboles, el camino que se aleja, oír los pasos en la pasarela de madera. Por suerte, y aunque usual, no era a diario, era casi tan bonito ver el parque entre nieblas que verlo a la luz del día con la hierba brillando después de haber sido regada. El contraste era lo bonito. Creo que no conseguiría vivir donde los días fueran siempre, o casi siempre, grises.