Buenas, quiero pensar.
Leyendo a Han Kang.
Sí, lo que tengo ya es perreta con esta muchacha. Obsesion-hada.
Kang Han en realidad, bueno pues leyendo El Libro Blanco, otra vez me encuentro los vacíos.
Los vacíos en la traducción, en las explicaciones de algunos términos, en alguna frase, que se nota, es que se nota, que no se puede traducir porque no existe ese contexto todo en una sola palabra.
Este libro me hizo pensar en mi madre y en su infancia, en su madre y en sus pérdidas.
En un hermano o hermana que no tuve pero que podría haber existido.
En mi percepción de pequeña de esa situación y en el momento ya de mayor en el que me di cuenta de lo que había pasado y nadie me describió.
En el momento nítido que tengo en mi memoria de entrar en una habitación de hospital y esperar ver un bebé que no existía y que nadie me explicó porque no estaba.
Recuerdo a mi madre sentada en la cama y recuerdo la ventana, las cortinas, y mi mirada buscando, buscando porque no veía donde estaba el bebé. No nació si quiera, mi madre tuvo un embarazo ectópico, fuera del útero y no debe haber llegado ni a las 8 semanas de embarazo. Le tuvieron que quitar un ovario. Años más tarde le harían una histerectomía, pero eso lo dejamos para otro día.
Así como la vida de Han 항나 quedó marcada con esa vivencia de su madre, que relata en el libro, así me ha marcado a mí la de la mía.
Es curioso cómo esta mujer me ha despertado tantas cosas. Buenas, quiero pensar. Otras, depende del día.