334 palabras, 1904 caracteres.
Hola,
Qué difícil es encontrar un saludo que tenga sentido. Querido Jinu, me parece cursi, rimbombante, de cualquier manera, absurdo. Pero, ¿y hola? Descompuesto, básico, sin sustancia. Seguiré probando otras opciones. He activado el recuento de palabras mientras escribo. No lo miro mucho, suelo mirar a la pared antes que al teclado. No necesito mirar a la pantalla para escribir, ni siquiera para corregir; sé dónde me equivoqué y casi sin errores puedo borrar y volver atrás. ¿No sería genial poder hacer eso en la vida? ¿Mientras hablamos? ¿Con nuestras acciones y decisiones? ¿Será que estoy demasiado empeñada en algo que no pasó, que se me pasan las que sí pasan? ¿Las que tengo delante? ¿Las que existen de verdad? Si volvemos atrás, siempre es para cambiar algo, o algo que pasó y no debió o no hubiésemos querido que pasase, o algo que no pasó, que no hicimos y perdimos el momento. Siempre es para cambiar algo. ¿Por qué cambiar es tan importante? ¿Por qué reflexionar, repasar, revivir, repensar todo lo que nos pasó en algún momento? Es como cuando tienes una discusión y no reaccionas y años más tarde en la ducha se te ocurre la respuesta perfecta. Pero no podemos volver atrás. Es imposible. No podremos nunca. Las palabras escritas siempre se pueden borrar, hasta que alguien las lee, ahí ya no podemos. Ahí ya se van al pasado. Si esto yo lo escribo y nunca lo envío, nunca lo comparto, nunca lo leo en alto y alguien lo oye, es como el ruido de un árbol al caer en el bosque. Si no hay nadie, no existe. Activé el recuento de palabras para tener algo tangible, racional, cuantitativo que haga estas cartas factibles de ser borradas, nunca leídas, reales, como que existieron. Perdona porque esto ya ni es una carta, es una metareflexión. No recuerdo el momento exacto en el que supe de tu existencia, así que no puedo volver atrás aunque existiese la manera. Solo queda remar hacia delante.
334 palabras, 1904 caracteres.
Niño, de Milo J.